Ago 02

Las flechas, un día cualquiera.

Tag: Francis, Publicidad y comunicaciónFrancis @ 4:10 am

Como siempre llego tarde y pienso –un día me van a echar el alto-. Pero no. Una voz algo aperezada y dulce me recibe melificando el áspero comienzo de la mañana. Es Ana, y ahí está como siempre desparramando amabilidad. Laurita se choca conmigo justo cuando voy a entrar  y casando sus ojos infinitamente negros con su fabulosa sonrisa me obsequia con un ¡eh, Hola! Elena, eterna y cautivadoramente despistada también me saluda. Voy pasando por los pasillos, encadenando el –gutten- de Ainhoa, con un hola Bego, hola “Pin y Pon”, passsa Rú… y ¡Que tal mis chicas!

Me siento en mi sitio y pronto empieza la función. El zumbido sordo de los equipos se parte cuando de repente llega Juan –Hola Ana, mira, que tengo un trabajillo, pero nada, muy sencillito- Ana mira su libreta verde -¿Cuándo Juan?, tengo el estudio saturado… Bego, Karina… que no, Alberto… No, Alberto no, que tiene no se que de la web. Marian, con lo que te comenté, Ana con lo de Alfredo. ¿Rodrigo? No, Rodrigo tampoco… ¿Iñigo, tu puedes? No, me dice que se va ahora… Juan, no se como lo vamos a hacer- Juan se encoge de hombros y con una mirada casi traviesa, entre me río y la he “preparao”, deja derrapar en su boca un lacónico “pues…”. Pues que hay que hacerlo. Y otro día más llegaron las urgencias, las prisas –esto no puede ser, no hay solución- se oye rumorear en el pasillo. Empezamos a correr.

Rubén sale como una exhalación de su pecera de cristal -¡menudo problema!- exclama. No sabemos que le ha pasado pero puede estar entre nada y terrible. El es excesivo, como su talento. Llega Elisa, mundial como es ella, ¡oye mírame a ver esto que me han llegado unas facturas muy raras de Google o como coño se diga! Parece que le va a dar un síncope ¿Le habrán cobrado millones? No sólo diez euros, pero da igual, ella es un sol. Eso sí, de agosto, a las doce del medio día, con un par. Ainhoa pasa corriendo por la agencia gritando ¡ahora quieren que les hagamos unas banderolas de veinte metros para mañana, y pegatinas para pasado y un autobús de dos plantas pintado de rosa para el jueves! ¿Con quien cuento? Ana mira de nuevo su libreta verde, embutida de trabajos urgentes como ambulancias un sábado de madrugada. No encuentra huecos para apuntar, ni lógicos, ni físicos. -No queda más remedio que utilizar los químicos -así que transpiración-. Habrá que sudar tinta esta nochecita. Mientras tanto mi buzón se abarrota de mensajes. Javier, Javier, Javier, cliente, Javier… ¿no se cansará este tío de mandar correos? Tal cual llegan los marrones se los reenvío a Mario, Super Mario para los que le conocemos, mientras sigo estrujándome los sesos para pensar en algo nuevo para un cliente que no ha innovado en su vida y ahora quiere ser la máxima expresión de la modernidad. Otro correo más, esta vez de Merche. Está enfadadísima por no se qué de unas hojas de trabajo. Y de hecho, mira, por aquí llega, y se intenta poner muy seria y -os voy a poner una no conformidad que os vais a caer de espaldas- Pero el mensaje, cuando ya ha aterrizado en su boca, probablemente por el hecho de pasar por una mujer llena de jardines con los dinosaurios que deja su chiquillo enredados entre arbustos, a perdido hiel y ganas de matar y suena más a queridísima compañera que a responsable-de-no-se-qué-de-calidad. Poco a poco pasa la mañana y la agencia, nuestra agencia, se ilumina.

La libreta verde de Ana siente un dolor terrible en el pecho. Creemos que es un infarto, pero no. Es que acaba de divisar al fondo a Virginia con más trabajillos al acecho, inquietos. Y falta por llegar Rebe, la “arrechada” ejecutiva venezolana. ¡No por Dios! Lo que faltaba, llega Alfredo -¡Ana!, ¡Ana!, ¡Ana!, que son cinco minutos, que he quedado con el cliente…- La libreta verde ya pasa de lo que le digan y se declara en crisis existencial. Karina ha perdido su “equilibrio emocional” como la niña del anuncio. Bego está pensando en pasar de la comida vegetariana y merendarse a un jefe. Marian está que manda la valla en blanco como no le de el OK el cliente. Alberto está pensando en dejar los dibujitos de ardillas y pasarse al manga extremo. A Benito, el de los números, se le rebelan las cuentas. Rodrigo está “esssstresssssado”. Cada vez le entendemos menos. Javier… ¡Joder tío, deja de hablar por teléfono!

Al final del día, tarde, muy tarde, eso sí, todo está hecho. Las carteras de los ejecutivos cargadas con buenos trabajos Estamos orgullosos de haberlo conseguido, una vez más. El cliente estará satisfecho. No nos cabe duda. Lo sabemos porque llevamos veintisiete años haciéndolo. Veintisiete años estrenando cada día empresa, ilusión, ideas. De locura, de nuestra locura creativa.

Este es nuestro día a día, y este el cuaderno donde te invitamos a que lo compartas con nosotros. Somos el equipo de Nueva Imagen. Somos sus flechas rojas.