Ago 14
Sentado en el sofá de mi bar
Sentado pienso en mi próximo blog. Sí, será sobre los bares con sofá (colecciono bares con sofá, son mi debilidad: el Delicias, en Sant Angelo, el Faborit…). O no, sobre la capacidad de los camareros de hoy de retener cafés de lo más variopinto: cortado con hielo, solo en vaso, descafeinado de máquina, americano con sacarina, con hielo pero sin limón, con leche corto de café, el mío templado… Antes todo era mucho más sencillo: solo, cortado o con leche. Lo de la sacarina estaba hasta mal visto y era un vicio privado. Sí, finalmente creo que hablaré de Starbucks, o de como un visionario se adelanta a todas estas tendencias, orienta su empresa al consumidor (de verdad) y crea una red de cafeterías en la que el cliente elige entre un montón de variedades de café, decide hasta la temperatura, los aditivos, se puede llevar el vaso térmico marcado con rotulador con su nombre (esto es personalización del producto). Pero, sobre todo, se puede sentar en comodísimos sofás a leer tranquilamente el periódico mientras disfruta SU café. Así se ha convertido Starbucks en una marca de culto. Recuerdo cuando estuve el año pasado en Nueva York que entrar a un Starbucks allí era toda una experiencia (aunque hoy puedas entrar ya en Madrid, Barcelona o Sevilla, no es lo mismo). Ver a los clientes con sus macs conectados a internet (no uno, varios), el ajetreo de los camareros casi siempre latinos por cierto, la estantería del “merchan”. Porque Starbucks se ha convertido en una marca y los clientes veneran su imagen impresa en tazas, cafeteras, CDs… Su web no se queda corta y es un ejemplo de cómo internet puede servir para muchas cosas. Este modelo de empresa y marca se basó en sus orígenes en la orientación al cliente mencionada y en el poder de la comunicación. Starbucks basó su estrategia en aparecer en los medios de comunicación a partir de noticias y reportajes sobre la marca. Por supuesto, nada de esto hubiese sido posible sin un producto noticiable, una red de cafeterías con un concepto novedoso que seguro que ha dejado escuela. ¡Un descafeinado de cafetera corto de café con sacarina y en vaso, por favor!, pruebo al camarero sentado en el sofá de mi bar.
