Dic 19
¿Regular Photoshop?
Es lo que proponen un equipo de científicos italianos y estadounidenses tras un experimento sobre la capacidad de esta herramienta de manipular la memoria. El estudio, según publica Público en su edición del pasado 2 de diciembre, consistía en mostrar fotos manipuladas (una de los sucesos de Tiananmen y otra de una manifestación contra la Guerra de Irak en Roma). En la primera se rodearon los tanques de gente y en la segunda se introdujeros elementos subversivos y antidisturbios entre los pacíficos manifestantes. Quienes las vieron pensaron que así habían ocurrido las cosas y hasta, aun habiendo asistido a la manifestación de Roma, afirmaron que no lo volverían a hacer al ver la foto.
Esto es solo un experimento pero hay casos reales en el fotoperiodismo que ponen los pelos de punta. Recientemente periódicos como Los Ángeles Times y USA Today han retirado fotos manipuladas y pedido disculpas.
Recuerdo también en una conferencia de Arcadi Espada en la Casa de los Periodistas en la que hacía referencia a una fotografía del Premio Pulitzer Javier Bauluz titulada algo así como “La indiferencia de Occidente”. La foto mostraba un cadáver de un inmigrante en una playa del Sur español mientras unas personas tomaban el sol “indiferentemente”. Aseguraba Espada que había sido pura manipulación pero SIN Photoshop (solo con el encuadre y la utilización del teleobjetivo, que aislaba convenientemente la escena y acercaba a los tomadores de sol al cadáver). Sin ir tan lejos, a nadie se nos escapa que cuando un medio de comunicación quiere representar algo, lo tiene tan fácil como indicar al fotógrafo o cámara que busque una imagen: un diputado bostezando, una infanta y un consorte dándose la espalda, etc. ¿Es esto manipulación? La realidad estaba ahí pero la intención de la foto, el instante de la instantánea, la selección de la foto por el editor gráfico y hasta el pie de foto pueden acentuar el sentido de algo o hasta cambiar la realidad.
Quiero decir con esto que no hace falta Photoshop para manipular, solo hace falta la intención. Y que todas las manipulaciones no son iguales (en publicidad manipulamos a menudo fotografías pero creo que casi siempre con intenciones nobles). En realidad, seguramente no es necesario regular nada, sino autorregulación, en periodismo y en publicidad, y muchas dosis de ética.









20 Diciembre 2007 a las 1:26 am
Creo profundamente en el ojo adiestrado, certero, previsor, crítico y comprometido de los fotoperiodistas de verdad. Tengo en la memoria clásicos como la foto de William klein (uno de mis icónos favoritos) “Broadway and 103rd Street” de un chaval empuñando una pistola y apuntando a la cámara, o la archiconocida “Muerte del miliciano” de Robert Capa de la que en muchas ocasiones se ha dudado de su espontaneidad, como si eso le quitase tensión dramática a la escena. La intención, coincido contigo, la pone el autor, y es lo que importa. El resto, se llame Photoshop o Beseler, Leica M-4 o Nikon D3, resida en un disco duro Hitachi o en un noble negativo Tri-x Pan o una diapositiva Kodackrome, es sólo tecnología, y su valor está en la persona que la usa. Aunque si alguien quiere saber lo que es la oportunidad, el significado del instante decisivo, que busque en internet “Derrière la gare Saint-Lazare” de Henri Cartier-Bresson (sin duda mi favorito).
08 Febrero 2008 a las 3:19 am
me emociona especialmente un reportaje, el de Arturo Rodriguez (AP) sobre la llegada de una patera a la playa de Tejita, en Tenerife, imágenes de los turistas volcándose con los recién llegados. Me ha hecho pensar en una foto del Pulitzer Javier Bauluz: El cadáver de un emigrante en la playa de Zahara, ignorado por los bañistas. Y también en el furibundo ataque que le dedicó Arcadi Espada. Espada fue un interesante periodista al que seguía con devoción. Su libro sobre el caso del Raval me parece una obra maestra, uno de los pocos trabajos de periodismo de investigación dignos de ese nombre publicados en nuestro país. Pero hace un tiempo se subió a su torre de marfil como el que se sube al púlpito y se dedicó a juzgar a los demás con una especie de ¿matonismo moralista? difícil de comprender y aun mas difícil de compartir. Me escandalizó repetidamente por su afán en condenar no ya lo que alguien escribe o dice, sino lo que piensa, lo que él sobreentiende detrás de sus palabras, por sus intenciones, en definitiva. Dejé de leerle. Aun así, no pude evitarle del todo. Una noche, por ejemplo, me lo tropecé en el programa de Sanchez Dragó afirmando que el gobierno Aznar no mintió el 11M. Yo creo recordar que el presidente del gobierno llamó a los periódicos para decir que tenía pruebas de que había sido ETA. Seguramente me equivoco.
El caso es que escribió un texto ofensivo, despreciativo, sobre Bauluz, al que acusó de manipulación. La afirmación se sustentaba en el uso de no sé qué lentes manipuladoras y deformantes de la realidad, lo que hacia mas evidente la falta de base de su juicio. Es una foto sin trampa ni cartón, realizada, como todas las de Bauluz, con equipo normal, incapaz de milagro alguno.
El Consejo de la Información de Cataluña examinó el asunto y determinó que Espada habia violado al menos tres artículos del código deontológico establecido colegiadamente por los profesionales catalanes, que sus declaraciones eran falsas, injustas y sin razón. No recuerdo haber leído una disculpa de Espada, que sigue en su púlpito. Recuerdo una airada réplica a la condena descalificando el análisis del comité con pretextos leguleyos (falta de jurisdicción al no ser él miembro del Colegio que dictó el código deontológico que aplica el Consejo) y correcciones gramaticales al texto que le condenaba. Imagino un fondo de ironía en su réplica, que en cualquier caso es reveladora. Todo muy español: El gen Torquemada unido a la soberbia del condenado que no acepta que exista autoridad alguna con capacidad para juzgar su comportamiento: ¿Codigo deontológico? ¿A mí, experto en enjuiciamientos, insultos y descalificaciónes?