Dic 27
Despacito
Hablando de deseos para 2008. Me propongo ir más despacito. Seguro que, como todos los propósitos que hacemos en estas fechas, no lo consigo. Pero debo intentarlo. Lo slow me rodea. Mi amiga Virginia me dice que La Rioja es slow. Txerra se mete en líos de Responsabilidad Social Corporativa que promocionan lo slow. La slow food comenzó a potenciarse hace años pero lo slow se pone de moda ya en todos los ámbitos. Ya se habla hasta de ciudades lentas: slow cities. Cojo El País Semanal del 2 de diciembre de 2007 y un artículo habla sobre el movimiento slow. Y comienza con una cita de mi Nabokov de mi Lolita adolescente: “Nuestra existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tinieblas”. Y en este pequeño espacio, mejor vivir más tranquilos. Hacerlo aceleradamente nos lleva a ser más infelices y a estar más enfermos. El médico estadounidense Larry Dossey lo denomina “la enfermedad del tiempo“. Lo dice Carl Honoré en Elogio de la lentitud: el turbocapitalismo hace que pasemos muchas e improductivas horas en el trabajo, nos ataque el estrés, durmamos hora y media menos que hace 100 años, que solo 7 de cada 100 españoles practiquen la tan española siestecita…. ¡Qué rápido vamos a ninguna parte!, escuché recientemente al filósofo Gustavo Bueno. Y es cierto: ¿por qué vamos tan rápido? Lo resume Milan Kundera (autor de La lentitud) en el mismo artículo: “La velocidad es una forma de éxtasis que la revolución técnica ha brindado al hombre”. Es cierto, la velocidad no es algo que hayamos escogido. Es ella la que, veloz, nos ha alcanzado con los móviles, las blackberrys, los mails, las palms, la fast food… Nos hemos metido en un modo de vida en el que lo importante pasa a segundo plano. Un padre británico dedica el doble de tiempo al correo electrónico que a jugar con sus hijos. El artículo habla de algo con lo que cada día me siento más identificado: “el poco respetable arte de no dar abasto”. Hacemos dos cosas a la vez que, como dice Honoré, es sinónimo de “hacer dos cosas no tan bien como deberían hacerse”. Para que alguien se concentre en algo son necesarios todo tipo de artificios. Nadie se plantea una presentación sin un power point que ahuyente los bostezos…
Sí, la lentitud goza de mala fama hasta en el Diccionario. Pero debemos ir más despacio, despacito. El inglés es el idioma con el vocabulario más grande, me lee mi hija en una carta del Trivial, y slowly y suddenly son dos palabras tan hermosas… Pero, como dice Merche, tenemos palabras tan bonitas en castellano. Y despacito lo es. ¡Vaya si lo es! Y, sobre todo, si se pronuncia con un leve acento cubano: Despasssito…
Dejo de escribir, abro el iTunes y escucho una de Aute: “Slowly”. Y me propongo otra vez, ir un poquito más despacio. Bailar con el tiempo.









28 Diciembre 2007 a las 2:39 pm
Esto en mi pueblo, hace tiempo que se conoce como el “poco a poco”.