Feb 02
Funcionando de película
Me encanta el cine. Me regala una sensación profunda y compacta de orden, de armonía, de sincronismo. De maquinaria que encaja y discurre, lúcida y fluida. Y cuanto mejor es la película más intensa es la sensación. Me gusta en cada uno de sus minutos, pero el disfrute se vuelve asombro y admiración cuando veo los títulos de crédito, con cientos de nombres. Esos títulos de crédito que excluyen de las películas emitidas en TV por considerarlas, supongo, sin interés, convirtiendo, miserablemente, la obra en producto. He visto cientos de películas y cada vez que aparecen los créditos, me sigo asombrando.
¿Cómo puede ser que docenas o cientos de personas se coordinen y sumen esfuerzos en una única dirección y al final salga una obra sin aristas? ¿Cómo se alinean a tantas personas en un mismo propósito? ¿Cómo pueden bregar con tanto ego desbordado, con tanto artista anhelante de notoria posteridad? ¿Cómo consiguen que entre todos haya respeto mutuo y nadie se arrogue mucha más importancia de la que le corresponde, que no es otra que la misma que los demás? Como en un reloj, da igual que seas engranaje grande o pequeño, cada uno tiene su función y sin él, las agujas se paran. También me gustan los relojes, pienso, mientas escribo esto. En general, toda obra hecha por hombres que pensaban en la obra más que en ellos.
Creo que uno de los secretos del cine o de cualquier otro gran proyecto conjunto está en el respeto. El de las personas, no el de los engranajes, claro. Respeto por el que tienes al lado, abalado por una consciencia meridianamente clara de que él es tan importante como tú. Su trabajo es tan principal como el tuyo. Respeto por la profesionalidad de los que te rodean, por su saber hacer. En una buena película no hay un director importante y cien currelas estólidos. No, hay cien buenos profesionales, que conocen su oficio (me encanta esta palabra), que se respetan mutuamente, que no compiten por ver quien es más importante sino por hacer lo mejor que saben su propio trabajo, y un director que mueve las piezas siguiendo un plan estratégico, un objetivo, un fin. Estoy seguro de que entre ellos hablan y se escuchan, se suman reflexiones, buscando el mejor resultado, pero delegando la decisión final al profesional que detenta esa responsabilidad. El actor no le dice al director de fotografía como debe iluminar la escena, ni el cámara a los de vestuario como deben darle vuelo a una falda, ni el operador de grúa al sonidista que baje medio tono los agudos. Es un principio de respeto, de confianza en los compañeros, también profesionales. Que si tú eres bueno en lo tuyo, ellos también lo son en lo suyo, que tan fundamental como la interpretación del buen actor es el trabajo, sordo e invisible, del etalonaje de los coloristas para evitar saltos continuos de luz y color. Pero también y no menos importante, confianza en la dirección y los productores, porque han sido ellos quien han elegido a las personas que les van a acompañar en el rodaje y alguna razón tendrán. Y desde luego si no confías en sus decisiones ni el equipo resulta de fiar, al menos bajo tu criterio, si crees que no vale ni para grabar un video para el YouTube, no te desgastes, hay muchas películas que rodar, busca la tuya y quizá con suerte te darán un Oscar por tu parcelita de trabajo. Oscar, que no obstante, y pese a quien pese, será de todos. Para empezar de los que te eligieron y te dieron la oportunidad.









03 Febrero 2008 a las 9:05 pm
Francis, que gran reflexión has sacado de lo que, para muchos, podría ser el sencillo acto de ver una película. Y es que una buena película no es más que el resultado del trabajo coordinado de muchas personas, y estoy de acuerdo contigo en que el respeto hacia el compañero y la labor que cumple, por sencilla que parezca, es lo que hace de cualquier equipo de trabajo algo grande y productivo.
05 Febrero 2008 a las 10:26 pm
Sí, yo he pensado que lo que escribías era una metáfora de lo que crees que debería ser Nueva Imagen y por la que muchos estamos peleando. Unos que dan oportunidades a muchos, muchas tareas que abordar, la confianza, que a veces flaquea, como moneda de cambio, la necesidad de cada uno de ser bueno (el mejor) en su parcela, equipo, decisiones, profesionalidad, compañerismo, respeto, responsabilidad, resultados, hablar y escuchar, sumar, reflexionar, planear…