Mar 24 2008
Cuando el 24 % cree que el problema está en el otro 76 %
Leo en elpais.es que según un estudio de Nielsen, el 24 % de los internautas no saben hacer una búsqueda fructífera en Google. Además, la mayoría de esas personas tuvieron problemas para llegar al motor de búsqueda. Estas conclusiones han sorprendido al propio Jacob Nielsen, defensor de lo simple o la simplicidad, no lo tengo muy claro, que le parece difícil que haya algo más fácil de usar que Google.
A mi la verdad es que no me sorprende. O sí, pero favorablemente, pues pensaba que ese porcentaje era mucho mayor.
El problema, afirmo categórico, no es de Google, ni de Internet, ni de los ordenadores, ni del presidente de este país de ignorantes. Es de la falta de preparación en general, e informática en particular. La inmensa mayoría de las personas que conozco no han hecho nunca un curso de iniciación a la informática y mucho menos de Internet, aunque muchos de ellos se han encontrado con este invento pasados los 35. Han agarrado un ordenador, que les han dicho que es cosa muy sencilla, y ¡venga! A currar.
Así nos va. Luego viene el rollito de que es muy difícil o lo que es más habitual “que no se entiende”, en esa típica proyección de la incapacidad y falta de formación personal de tanto directivo y político español hacia el resto de los ciudadanos, obligándonos a los profesionales del desarrollo a seguir haciendo las aplicaciones para niños que ellos entienden. “Es que eso es lo que entiende la gente”, dicen muy convencidos. No, es lo que entiendes tú. Y no entiendes más porque no te has formado lo más mínimo, porque claro, ¡como vas a hacer tú un curso de iniciación a lo que sea! Tú, gurú de la empresa, política, comunicación, finanzas, docencia o lo que sea, ¡como vas a ir por una vez en tu vida de aprendiz, con humildad, si no sabes ni lo que es!
Y sí, es fácil navegar en Internet, hacer una reserva online o guardar tus documentos en tu ordenador. Pero hace falta una base mínima.
Conducir es muy fácil. Cualquiera lo puede hacer. Cualquiera, incluso personas con discapacidad física. Pero aunque sea fácil, hay que estudiar un poquito el código de circulación y hacer unas cuantas prácticas de conducción. Un mínimo, vaya. Aunque sólo sea para que cuando llegues al concesionario a comprar tu coche, al entrar al vehículo y ver unos pedales en el suelo y unas palancas al costado del volante, no le digas al comercial ¡Uf! ¡Que difícil!, dame algo menos complicado, de un solo botón, que es lo que entiende la gente. Ya no te cuento nada si el concesionario es de Ferrari, y además de que sea simple, le pides al coche que sea “usable”, es decir, que cualquiera lo pueda utilizar sin problemas. Te podrías encontrar con situaciones del tipo “mire usted, señor Bermudez, el Enzo que me vendió el otro día me parece muy complicado, con tantos relojitos y tanto botón, no se entiende nada. Además mi abuela Paca dice que es muy poco accesible, muy bajito y que le deja los riñones hechos trizas cada vez que entra o sale del coche. Por no hablar de los tirones que pega al salir de los semáforos, que me van a dejar la espalda como un ocho. La verdad es que es un coche muy malo, que no le gusta a nadie”. ¿Y a ti quien te ha dicho que el Enzo tiene que ser tu coche? Yo ya sé que no podría pilotar esa bestia parda, entre otras cosas porque me quedaría atascado en el asiento, pero tengo claro que el problema es mío, no de Ferrari. Lo mismo me ocurre con los camiones de cinco ejes, que oye, es una cosa que no sé ni como agarrar. No se me ocurriría conducir uno sin antes tomar unas clasecitas, fíjate tu que cagueta soy.
En una extraña e invertida lógica cartesiana, Cogito ergo sum, lo que yo no pienso, no es. Como yo no he pasado de Mortadelo y Filemón, a la gente no le gusta Vargas Llosa, Tolkien, Ballester o Ruiz Zafón. Como a mi me cuesta leer hasta un folleto del Carrefour, la gente no lee cosas largas (largas como la ignorancia) como “Los pilares de la Tierra”, “El Código Da Vinci” o “Cien años de soledad” (resume, resume, que con un par de años, vale, querido Gabriel, me parece oír a lo lejos a un ejecutivo). No los leen. Se han vendido millones de ejemplares, sí, millones, pero por lo visto solo para adornar las estanterías. Por que al fin y al cabo toda la humanidad es como mínimo tan estólida como yo. Seguro que más, porque yo al fin y al cabo tengo un “Bachelor Degree of Marketing” por la universidad de Foolsass, y soy director de no-se-que-leches/gerente/correveidile político, aunque sea más simple que el mecanismo de un botijo.
La gente que se ha preparado un poquito, e insisto que no es necesario tener tres ingenierías, cuatro licenciaturas y un par de masters (pues basta con un cursillo, ganas y humildad), sí sabe utilizar Internet adecuadamente y reservar un billete de avión. Y si tienen una culturilla básica y la cabeza mínimamente amueblada, sabrán hacer una búsqueda en Google. En caso contrario, como dicen en mi pueblo, “si no hay mata, no hay patata”.

He rehecho esta entrada cincuenta veces. Siempre con una mala leche infinita. Javier, que no es tonto, seguro que sabe porqué.
El viernes pasado estuve en una conferencia de un directivo de Mercadona sobre la política de Recursos Humanos de la compañía. Este directivo explicó los puntos con los que trabaja la empresa para lograr la satisfacción de sus 60.000 empleados. Entre ellos destacan:






