Abr 29
Las oficinas más bonitas del mundo
Por el chalet que vimos y no pudo ser, por el gran proyecto que murió en la mesa de un funcionario, por las cuatrocientas lonjas y quinientos pisos que recorrimos en un angustioso y desesperado peregrinar. Por los metros cuadrados que engordaban su coste semana a semana. Por meter casi la pata pero no del todo. Por la mención casual de cierta esquina de alguien de esta casa. Por tener uno de los mejores equipos de arquitectos de España, José Miguel y Aurora León. Por el enorme esfuerzo económico soportado por la propiedad de la agencia, por el corazón desparramado de Juan y las manos en los ojos del sensato Alfredo. Por los proveedores y su alto grado de implicación en el proyecto. Por el cariño que sabemos que se ha puesto desde la dirección de obra por aquello de los lazos familiares. Por el ya te lo dije, por el pues haberlo hecho tú. Por las mil reuniones, los cien mil desencuentros, el millón de acuerdos. Por ven, pon, quita, mira, mueve, arriba, mal, no, este, aquí, más, otro, menos, ya estamos otra vez…
Por las prisas, y las aletargadas reacciones. A pesar del 30 de octubre, la nochevieja del año pasado, los finales de enero, febrero, marzo…
Por el fontanero que nos negaba sus favores como princesita casquivana y caprichosa, por las dudas del entrañable carpintero que mantuvo un –aún queda mucho tajo- hasta el último tablón, por el exacto pintor, por el electricista que tuvo que levantar cuarenta veces las baldosas de granito: cables, más cables, miles de claves. Por los 8 kilómetros de cable que finalmente se calzó. Por los técnicos de redes y su extraña jerga. Por el dispensador de agua y el filtro “desionizador”, por la maquina de café que nos daba calabazas. Por el cuartito de Francis, por el estudio fotográfico de Rubén, por la mesa de corte de Nuria, por el archivo de Merche y todos los otros caprichos. Por el herrero, enciende el soplete, apaga el soplete, este logo, no mejor este otro ¿pero bueno, pongo o no pongo el logo? ¡Coño, o las jambas han mermado o este arco se ha ensanchado! Por lo espectacular que quedó. Por cuánto durará limpia.
Por el jodido papel pintado, por la madera de fresno y el cristal. Por las puertas más altas, que no, que no caben, que sí, ya me dirás. Y al final, tan bonitas. Por el techo desmontable, desmontado, montado, otra vez desmontado, pero bueno ¿lo terminan o no? Por el suelo técnico y sus 40, 30, 25, 15, 12 cm ¿Qué más dará ya? Es precioso. Por toda la luz que venía de serie con la esquina. Por el tabique desquiciado por tanto vaivén, -aquí, allí, no, sí, mejor lo quitamos-. Por los muretes, que se nos vean las cabezas, que no se nos vea, todo diáfano, yo quiero privacidad, me molestas, te jodes, pues me enfado y no respiro. Por el gresite, o como carajo se escriba, de esos baños tan divinos, por los sanitarios de Roca o la trifulca del portarrollos del water.
Y sobre todo y por encima de todo, le pese a quien le pese, por todo el corazón puesto por Juan y su debut como capataz, y Merche y Nuria, tan chicas en el más colorista, creativo e hiperestésico sentido, que se han involucrado en este proyecto muchísimo más allá de lo que el más osado pudiera haberles pedido. Por todo su tiempo, incluido el que han robado a sus propias vidas, por su generosidad y por pensar en todos y en la propia agencia más que en ellos.
Por todo ello, ya podemos decirlo, tenemos las oficinas más bonitas del mundo. Palabra de hooligan.









30 Abril 2008 a las 6:57 pm
Sí, Francis, por todos nosotros, porque me ilusiona haberte visto llegar hoy tan contento, porque aunque no me consta que hayan quedado tan bonitas como dices, porque no he ido últimamente, me lo creo porque lo he visto en tu cara de alegría de esta tarde. Y lo repito, por todos nosotros, los de Nueva Imagen, por los que queremos a la agencia porque trabajamos en ella, porque pasamos mas tiempo dentro de sus paredes que en nuestras propias casas, porque por encima del estres nos ilusiona el cambio y queremos que todo salga bien.
Por todos, pero, en mi particular opinión y creo que se parece a la tuya, Francis, por NURIA Y MERCEDES, que le han puesto corazón, alma y muchos, muchos ovarios a ese lugar, más de lo que muchas personas pondrían en su propia casa. Por esas caritas de estres y cansancio al regresar a la agencia de la obra, una, y otra, y otra y mil veces más, en una labor muchas veces incomprendida. Por los zapatitos de Mercedes llenos del polvo de la obra. Por las horas de Nuria plasmadas en el papel pintado, que no he visto pero me imagino que habrá quedado ‘mono, mono’.
Por toda esa dedicación, chicas, muchas gracias…
05 Mayo 2008 a las 7:22 am
A ti, Francis por hacernos este blog que todavía permite contar las cosas privadas en público. A Juan por confiar en esta locura y
empujar conmigo. A Alfredo por dejarme hacer y mirar muchas veces para
otro lado. A Nuria y a Merche por empezar de interioristas y terminar de
capatazas. A Virginia y a Marian por no querer perdérselo. A Rebeca y a
Rodrigo por su paciencia. A Íñigo y Mario por ayudarme a transportar las
baldosas de 30 kilos. A Ainhoa, Elena y Ainara por saber tirar cosas. A
Gema y Rocío por encogerse. A Ana Bernabé por seguir en recepción. A
Ismael por garantizarme que las posibilidades de que hoy todo
funcione son del cero por ciento. A Alberto y Rubén por ir avisando de que
nos vamos, o de que nos venimos. A Ana Bayano y Alejandra por hacer las
cosas en voz baja. A Yolanda por volver y ser una más. A Karina y Ana
Benito por poner sensatez y arremangarse. Y por decidir dónde va el reloj.
A Bego por el único anuncio del “puente” y por “rellenar” la biblioteca. A
Natalia por su joven madurez. A Josito y Cristina por ser dos más. A Juan
padre por seguir teniendo ganas. A Benito y Elisa por las facturas que les
va a tocar pagar. A Blanca por lo que limpió y a Mariana por lo que
limpia. A Laura por entenderlo. A los 35 por aguantarme.