Dic 08 2008

Sue Ellen

Tag: Francis, Publicidad y comunicaciónFrancis @ 2:59 pm

Sue EllenYo ya lo sospechaba. Eran muchas las ocasiones en las que me había descubierto en renuncios ligeramente anacrónicos, en actitudes suavemente nostálgicas, impropias de un geek como yo. Lo achacaba a varias circunstancias, desde recuerdos macarras acechando en cualquier esquina, en cualquier luz de tungsteno, en cualquier punteo ochentero de guitarra, hasta fallos químicos en mi córtex. Me empecé a preocupar el día, más bien la noche, en que, en medio de una crisis de mente en blanco ante la imperiosa necesidad de terminar un proyecto para el día siguiente, y con un gripazo del carajo, me compré en Amazon un peluco autómático y suizo. Me encantan los relojes, como a mi abuelo, un tipo difícil y entrañable como su vida, al que aprendí a querer en el preciso momento en el que a él se le olvidó que nos quería, multiisquemia de por medio. Relojes automáticos, como Dios manda, como hubiera dicho mi abuelo, ateo hasta las trancas a base de hostias fraticidas. Porque no es lo mismo un reloj de cuarzo que uno automático. El primero anda solo, estés bien o mal, pero el segundo sólo vive si estás vivo, requiere compromiso, se crea un vínculo entre su péndulo y tú, hubiera argumentado él. Y para mí, la palabra de los tipos que han cumplido ochenta y pico castañas sin subvenciones, ni cremas exfoliantes, ni bífidus activo, ni natulatex sobre somier adaptativo de lamas de cedro mongol ni perrito o perrita que les ladre, son, no digo que incuestionables, porque no, pero cuando menos para tener muy presentes con o sin autorización de superjueces. Por pura perspectiva, por puro remojo y esquile de cientos de barbas propias y ajenas.

Como decía, ya me lo temía. Por lo del automático suizo, por las canas incipientes, por el gusto por demasiadas cosas offline, como diría algún memo. Por mi afición a cositas delicadas. Por haber caído rendido ante la explosión de sabores amarillo-verdosos del excelente aceite Q de Aldama que me regaló nuestro amigo Cesar Leon, de nuestros socios de Vinomio. Por sorprenderme recientemente en una enoteca, yo, ya ves, preguntando con toda naturalidad ¿tienes Paco y Lola? Porque quería una cajita de ese albariño por lo mucho que me gusta. La etiqueta, me refiero, que el vino todavía ni lo he probado, pero que adivino magnífico. Demasiados desconchones en mi perfil digital, en mi necesaria careta tecnológica. “Es la excesiva exposición a la perniciosa influencia de la división de Lifestyle de Eva Newton”, me justificaba yo, mientras me dirigía a matricularme en un minicursillo de cata de quesos de oveja lacha, cabra virgen o toro piporro, vete tu a saber. Pero no, era un autoengaño.

Pero la dolorosa constatación de que el tiempo no es sólo un pretexto para mover mi reloj llegó recientemente, cuando me encontraba, ya de madrugada, leyendo notas de cata, bastante desenfadadas, de una nueva bebida de un potencial cliente. Las opiniones eran fundamentales para dar con los recursos adecuados a utilizar en el diseño de la estrategia de presencia en Internet, como parte de un Plan Integral de Marketing, RRPP y Comunicación, para una propuesta de nuestro alter ego, Eva Newton. Entre otras cosas, se les preguntaba acerca de sus hábitos de consumo. Obviamente, los encuestados mentían como bellacos, definiéndose como bebedores ocasionales ¿Ocasionales? Pero si os ponéis como la “Sue Ellen”, les dije yo en un correo insomne y ligeramente resacoso dirigido a nuestra lista de distribución interna.

Como suele suceder con estas cosas, cuando dices lo que te da la gana escuchas lo que no quieres. Así que nada más entrar en la oficina me tiraron a la cabeza una bala rasa: ¿Quién es Sue Ellen? Me preguntó ella, con su metro setenta y diez, guapa, inteligente hasta dolerme, dos carreras, idiomas, preparadísima, brillantísima y excelente compañera, de esas que cuando te toca currar con ella piensas que tienes suerte aunque sea un catálogo de rodapiés. Nataly, -me has matao- pensé yo. “Es que solo tengo 25 años”. ¡Ala, venga, cébate, dame la puntilla!.

Era lo que me faltaba. Apenas dos días antes, mi novia, también jodidamente joven, me hacía una foto, que simpática ella, del cartonaje de mi coronilla que hasta entonces creía ligeramente despoblada, como el Berceo en noviembre. Pero no, mi coronilla es desierto puro, secarral auténtico como los Monegros.

Así que finalmente he tenido que aceptarlo, ya no soy un pipiolo. Y eso me supone un ligero contratiempo, porque al fin y al cabo me dedico a esto de Internet, tan moderno, tan virtual. Un medio con el que guardo una relación a medio camino entre el que te quiero mucho como la trucha al trucho y el has sido tú, canalla, que le dijo la pluma a la Oliveti.

Y es que he de reconocer que no soy un nativo de Internet. Soy un adoptante. Porque aunque convivo con este invento desde hace trece años, es decir, casi desde que se inventó, a mí ya me pilló con la mili hecha y una formación absolutamente analógica. Yo no estudiaba educación para la ciudadanía en ninguna plataforma de elearning hecha en Moddle o en cualquier otro sistema colaborativo, ni en inglés ni en castellano, sino los afluentes y arroyos del Llobregat y cosas de igual trascendencia vital, en libros de papel, sin hiperenlaces ni nada.

Obviamente eso se nota y por lo tanto no puedo evitar ver a Internet como una herramienta más. Con grandes oportunidades, con enormes posibilidades. Con insalvables limitaciones. Con momentos de consumo específicos y registros y discursos precisos. Sirve mucho, y ningún empresario en su sano juicio debería descuidar su estrategia en Internet, que desde luego va mucho más allá de una página mona o un banner suelto en un diario regional, que debe comprender objetivos claros y acciones concretas. Pero sirve para lo que sirve y creo que sólo es efectivo en un plan general de comunicación. Internet no es un fin en si mismo, sólo un medio con herramientas poderosas. Un medio con importancia creciente, sin duda, que probablemente recoja en un futuro cercano la hemorragia inversora que sufren los medios tradicionales, cada vez más vapuleados.

Video Kill the Radio Star cantaban The Buggles, en un oscuro vaticinio del futuro de los medios tradicionales, pero no fue así. La radio encontró su espacio y no creo que se tema seriamente por su futuro. Se cambiaron las formulas, pero ahí sigue, fuerte y estable. Y sí, puede que en un futuro las ondas hercianas sucumban al envite de los bits y que Internet se convierta en el medio principal para su difusión. Pero cuidadito, he dicho medio, no principio o fin, puesto que esas posiciones siempre las ocuparan el locutor y el oyente. Realidad digital, sí, pero de la que se toca con los dedos.

Lo mismo creo que ocurrirá con los medios impresos. Probablemente no la lectura de fasfood, la prensa de consumo rápido y concreto. Ni los BOEs, ni los informes de juntas de accionista del Banco de Santander, ni la foto de la botella huérfana de la tragedia anónima de una casa muda de un bloque gris de una calle que no recuerdo de un pueblo periférico y sin nombre fagocitado por alguna urbe impía, que ya no sé si Madrid o Barcelona, si fue en invierno o en un descuento de la primavera… Probablemente, y no hace falta ser un visionario, la información del día a día se quede para ser consumida por la memoria más famélica en diarios digitales, con capacidad para almacenar desgracias indefinidamente, acumulativamente, y producir el emético recuerdo digital a golpe de ratón. Clic, clic.

Y puede que en un futuro, cercano, lejano, quien sabe, desaparezca el papel. Pero no será antes ni después de al menos, dos cosas que si creo que estoy capacitado para asegurar.

Primero, que tenga un sustituto con la misma portabilidad que un libro, infinitamente más que un portátil, de peso y tamaño similar a un ejemplar impreso. Además deberá ser un dispositivo provisto de una usabilidad similar a la de un libro, algo parecido a pasar páginas, incluso con un tacto más cálido, flexible pero resistente como la vida. Un cacharro con el que cualquiera se sienta a gusto, ligeramente imperfecto. Probablemente una evolución de Kindle, el extraordinario aparatejo de Amazon para la lectura de los eboks.

En segundo lugar, para poder sustituir los medios impresos nos hará falta disponer de la tecnología de diseño web, rápida, flexible y universal, que nos permita maquetar con emoción. Dudo mucho que la presentación fría de una matriz de artículos al estilo de una página web pueda sustituir a la sugerente disposición de los elementos de una revista cualquiera. Quizá ahí tenga algo que decir Adobe, gracias a la combinación de tecnologías como PDF, Rubi On Rails o su esperanzadora plataforma AIR basada en el proyecto Apollo. Y por supuesto con esfuerzo, mucho esfuerzo, de todos los que actuamos en este negocio de la comunicación.

Todavía estamos muy lejos de ese futuro tan virtual, en el que Internet sea el único medio y de hecho dudo que llegue. La gente somos de realidad real, que no hay otra. Nos gusta tocar, sentir. Un catálogo acerca el producto mucho más que ninguna pantalla, por mejor que sea esta. El catálogo te enamora, el papel es algo orgánico. Es el flechazo, la emoción impresa, la servilleta con el teléfono de la chica. Y luego ya vas a Internet y la buscas en el Facebook y las fotos de su viaje a Ibiza con las amigas, en Flikr. Internet da datos, muchos datos, todos los que no caben en el papel, y los da con rapidez, con eficiencia, aumenta el deseo, crea comunidad entorno al objeto, a la marca, sostiene con viveza el pulso que se mantiene desde que se enciende el deseo de tener o hacer algo, hasta que efectivamente se hace o se adquiere. Por eso una estrategia adecuada en Internet es vital. Pero no lo olvidemos, a la chica o el chico lo viste en la calle, es decir en el material impreso, en un entorno con olores, sabores, imperfecto. Humano.

Lo que sospechaba, me he vuelto viejuno. Ahora mismo me voy a coger una botellita de Consejo de La Alta, unas lasquitas de La Flor de Esgueva y me voy a poner como mi amiga Sue Ellen. Por estas canas, por todo lo que se imprime.


Jul 14 2008

Zoomii: la libreria “real” online

Tag: Francis, Desarrollo de aplicaciones, InternetFrancis @ 12:02 am

zoomii_resize.jpgUna de las cosas que más me gusta de ir a una librería es la posibilidad de rebuscar en las estanterías. He de reconocer que me llaman poderosamente la atención, con su mosaico de colores, sus portadas sugerentes, el olor del papel y todas esas cosas tan emocionales y divorciadas de la modernidad digital. Habitualmente compro libros en Internet, aunque la verdad es que siempre que puedo prefiero hacerlo en la librería “física”. Una de las cosas que me suelen tirar un poco de espaldas de las compras de libros en Internet es precisamente el exceso de racionalidad de las búsquedas. Es verdad que los buscadores de las librerías online son precisos y rápidos, pero con frecuencia han abusado y abusan del listado seco, sin imágenes, con datos a pelo, desprovisto de toda emoción. Hay honrosas y adelantadas excepciones, como Amazón, que juega muy bien las cartas de lo visual, el producto relacionado, la información de los índices y las sinopsis y por supuesto las portadas de los libros. Supongo que por eso es el primero en el mundo en venta online, y no solo de libros, sino de todo. En España el tema es un poco peor, y por grande que sea la empresa librera que haya detrás de una Web de este tipo, la presentación de los resultados de búsqueda, incluso el propio método para buscar, son muy poco atractivos, sobre todo para aquellas personas que nos gusta que nos cautiven, que nos vendan, que nos persuadan, incluso aunque sepamos lo que queremos.

Hoy me he encontrado con un producto sorprendente. Es un buscador visual de libros en Amazon. Es lo que se conoce como un MashUp, es decir, una aplicación realizada con los recursos que gratuitamente empresas como Google, o Amazón en este caso, ponen a disposición de la comunidad de desarrolladores, a través de las llamadas API’s. Estas API’s no son otra cosa que una serie de instrucciones que nos permiten obtener los datos y los servicios que ofrecen estas empresas y combinarlos y colocarlos de una forma nueva en otra página. Ejemplos diarios de esto lo vemos con Google Maps, que se integra en cada vez más páginas Web para colocar planos de situación, calcular rutas y otros servicios relacionados.

En esta ocasión el sitio se llama Zoomii, y permite navegar virtual y visualmente por las estanterías de Amazon, ver los detalles de cada libro y por supuesto comprarlos. Es lo más parecido a caminar entre estanterías. Lástima que sólo tengan títulos en inglés, pero bueno, todo llegará. O a lo mejor tenemos suerte y se lo hacemos nosotros a algún cliente. Ojalá.

Technorati Tags: , , , ,


Jun 21 2008

Web Pabellón Extremadura en ExpoZaragoza 2008

Tag: Francis, InternetFrancis @ 7:50 pm

Web del Pabellón de Extremadura en ExpoZaragoza ‘08Buscando cosas de accesibilidad y Joomla me he encontrado con la Web del pabellón de Extremadura en Expozaragoza 2008. http://www.extremadura-expozaragoza2008.com/

Por pura deformación profesional me he fijado en el aspecto técnico. Está realizada en mi defendidísima plataforma Joomla, bajo estándares XHTML 1.1 y CSS 2.1 y además cumple con la normativa de accesibilidad WAY-AA y todos los “efectos”, como el movimiento suave de los menús desplegables o los desplazamientos laterales de los destacados están realizados en JavaScript con las librerías Open Source  YOO Effects y Mootools, sin necesidad de recurrir a tecnologías propietarias y nada accesibles como Macromedia Flash. Desde luego, centrándonos en el aspecto técnico, el uso de estos estándares y la orientación hacia la accesibilidad denota saber hacer, estar al día de lo que es la tendencia en desarrollo web y las demandas de los usuarios y la sociedad en general, y sensibilidad hacia un modelo de conocimiento abierto, universal y sin barreras.

Pero esta Web habla de mucho más. Habla de una comunicación eficaz, y aquí hablo como usuario pues ya no es tanto mi especialidad, de una apuesta por Internet que ya quisiéramos en otras regiones. Creo que está bien estructurada, con una navegación clara y limpia y un buscador permanentemente a la vista que nos permite encontrar de inmediato lo que buscamos. Y todo ello en un entorno gráfico, a mi parecer, atractivo, liviano, funcional. Inteligente.

La verdad es que no me ha sorprendido pues esta comunidad lleva muchos luchando por sacar del ostracismo del jamón, el salchichón y la panceta a extremadura (buenísimos, dicho de paso, pero no lo único destacable de su actividad) y ha asentado los cimientos de un importante desarrollo tecnológico, basado en tecnologías abiertas, con iniciativas tan interesantes como su distribución propia del sistema operativo Linux, LiNex, o la promoción de la  implantación de sistemas Open Source en toda la administración pública con un considerable ahorro en costes de licencias de software.

En fin, a ver si alguien toma nota para otra ocasión.

 

Technorati Tags: , , ,


May 28 2008

Se vende clic adosado en céntrica página web

Tag: Francis, E-MarketingFrancis @ 10:00 pm

adwords.jpgSin duda la crisis de la construcción parecía cantada, y los posibles efectos colaterales eran de preveer. No obstante me estoy encontrando desde no hace mucho tiempo, semanas, no más de mes y medio, un aumento espectacular de los costes de las campañas en Adwords asociadas al mundo de la construcción y el mercado inmobiliario.

Para el que no lo sepa, Adwords, el sistema de enlaces patrocinados de Google, aquellos pequeños anuncios que se muestran generalmente a la derecha de la página de resultados del buscador cuando se realiza una búsqueda, es un sistema de pujas, no de pago directo como piensan muchísimos clientes. Es decir, cada vez que alguien busca, por ejemplo, “gestión inmobiliaria”, el buscador devuelve dos tipos de resultados, por una parte el llamado “resultado natural”; esto es lo que considera el buscador que es lo más destacado para este concepto en Internet (y teniendo en cuenta el país desde donde se hace la búsqueda), lo que “cree” que es más relevante según sus sistemas de clasificación de páginas Web. Por otra parte nos ofrece en la columna de la derecha los llamados enlaces patrocinados, es decir, los que están dispuestos a poner dinero encima de la mesa para que les incluyan en los resultados cuando alguien busque un determinado concepto, a través de un complejísimo (e instantáneo) pero transparente sistema de pujas, en el que no sólo el dinero sino también la calidad de la página enlazada, determina la adjudicación de uno de esos ocho puestos tan solicitados de Adwords.

Pues bien, probablemente acuciados por el brusco frenazo del sector se están buscando todas las vías para la más que necesaria publicidad. Hay que mejorar la imagen, vender en un entorno muy hostil, crear marca y un largo y descuidadísimo etcétera que durante años han soslayado con bastante desdén desde este sector, salvo honrosas excepciones entre las cuales se encuentran grandes clientes y amigos. Ahora toca correr y se han fijado en Google, en su sistema Adwords, y han trasladado a él toda la urgencia y el nerviosismo del maltrecho motor económico de nuestro país a este medio, volviéndose locos los anunciantes y, ya de paso, desquiciándonos a los profesionales.

El coste de las palabras clave relacionadas con la construcción y sobre todo con el mercado inmobiliario crece con la misma rapidez que se produce la desaceleración de las ventas. Estamos hablando que para algunos conceptos se están pagando de media ¡hasta 8 euros por clic! Y cuidado, porque en estas campañas se piensa en conseguir cientos o miles de clics. No quiero ni imaginar algunas de las campañas que actualmente tenemos activas para algunos de nuestros clientes, con miles de clics diarios, si tuviéramos que pagar esa cantidad por un clic. Otro ejemplo contundente: para la búsqueda anterior de “gestión inmobiliaria” se paga una media de 3.15 € por clic (según las herramientas de estimación de Google). Eso es 525 de las antiguas pesetas.

En EEUU, un mercado enormemente más maduro que el español, se está pagando por algunas palabras como “home equity loans” hasta 14 $ y por un término como “refinance mortgage” unos 7 $, lo que también nos hace pensar que funciona, pues es un país donde todo se hace con el Retorno de la Inversión en la cabeza.

¿Qué hacemos entonces, sería la pregunta? ¿No nos anunciamos en Adwords? Pues sí, sí nos debemos anunciar, pero confiando en un profesional que sea capaz de buscar las palabras nicho, es decir, aquellos conceptos que están muy buscados, pero que no tienen demasiada competencia de anunciantes. Y por supuesto, definiendo campañas bien segmentadas, por tipos de servicio o cualquier otro criterio válido. Sin duda hay enormes posibilidades de negocio en Adwords para los anunciantes constructores, promotores e inmobiliarias o de cualquier otro sector, pero hay que apostar de lleno, yendo a por todas y contratando a empresas que seamos capaces no sólo de planificar una campaña sino de introducir medidas correctivas en la Web del cliente a tenor de los resultados ofrecidos por la campaña en Google. En definitiva, hay oportunidad para la empresa que entiende su presencia en Internet como un “todo” estratégico y no como acciones aisladas -ahora una paginita, después un banner perdido, una semanita en Google-. Todo es importante y debe estar mimado a la perfección para que funcione, desde la web que debe ser impecable y actualizada, hasta el último banner, por minúsculo que sea, el cual debe estar en línea y a la altura del resto del posicionamiento de la marca en Internet. Y por supuesto, la campaña en Adwords debe estar bien diseñada, lo que no es nada fácil y requiere de un enorme esfuerzo y dedicación, algo que sólo una empresa con especialistas en esta materia puede ofrecer.

En resumen, cada vez se hace más necesario una visión esférica de la comunicación. Y Adwords es una parte importante de esa visión. O eso, o dilapidaremos nuestros recursos a tontas y a locas.


May 17 2008

Internet Day. Historia de un amor ciego.

Tag: Francis, Web 2.0, Internet, Publicidad y comunicaciónFrancis @ 3:42 am

amorciego.jpgNunca me han gustado las fechas, no creo en ellas. No me gusta la felicidad por decreto. Las fechas, en mi caso, no responden a nada que me vincule emocionalmente a un momento, a un lugar, a un sentir. Salvo la nochebuena, fecha que mi abuelo siempre esperaba azorado, con urgencia de familia. Por eso el cumpleaños de mi novia siempre me baila entre el 20 o el 22 de octubre, me esquiva el día de la madre, se me escapa el del padre y me suele sorprender en una llamada inesperada mi propio aniversario. Así que a nadie que me conozca le sorprenderá que pase bastante del 17 de mayo, día mundial de Internet, o más exactamente Día Mundial de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información.

Alguien pudiera pensar que no es propio de una persona que vive de esto que afirme tal cosa, máximo cuando gobiernos, instituciones y diarios nos atiborran de eventos, absurdos la mayoría en mi modesta opinión, y rosquillas con forma de arroba. Rosquillas. Espero que al menos hayan hecho una versión sin azucar y otras sin grasas animales, por aquello de la accesibilidad de Internet. ¿No sabe a que me refiero? Pues quizá es que usted no es usuario de Internet. Pero yo sí, y metido hasta las trancas en este lío mayúsculo, y quizá por ello, como me sigue emocionando este invento, no siento el día como propio.

Como todo lo que marca vitalmente, mi relación con Internet llegó de manera casual. Sin anuncios, sin preaviso, sin fanfarria. Sin marcas en el calendario. A mi me llegó un día cualquiera del otoño del 96.

Aún me acuerdo de aquellos días, pues como suele ocurrir con todos los amores que perduran no fue un flechazo sino un cúmulo de circunstancias y casualidades encadenadas en días, semanas, meses, que me llevó de una simple amistad con el nuevo medio a este feliz y duradero matrimonio. Yo tenía 23 años, cincuenta kilos menos, una carrera de psicología apunto de concluir que no me hacía feliz, un barbour verde que paseaba por Logroño, un padre mal encajando su recién estrenada jubilación, un corazón en el chasis, un eterno regusto a besos muertos que me avinagraba el caracter, un reloj al que le sobraban muchísimas horas. Un déficit de primaveras. Una situación difícil. Y un amigo, el mejor, que me acompañó en el viaje durante años. Él me animó a comprar un paquete de conexión a Internet por 3.000 pesetas el trimestre, tiempo de llamada a precio de ojo de la cara aparte, de un proveedor llamado Meridian.

Priiiiit-pi-piiii-triiit-touuuch-pi. Algo así era el sonidillo que salía del moden de 28 Kb, cuando finalmente me conecté con eso que llamaban Internet y del que apenas había leído que era el futuro, eso que yo, como los Pixtols, no veía por ninguna parte. Me permitía finalizar mis estudios en la Facultad de Psicología con bastante más facilidad, pues me bastaba con ir sólo un par de día a la semana a San Sebastián. Luego me permitió hacer más grandes las ventanas de mi casa, de mi pueblo. Me traía noticias de Barcelona, de antiguos compañeros que habían resuelto sus problemas antes que su carrera, que es para lo que se apuntan a psicología la mayoría de los alumnos. Me contaba que la fotografía digital nunca llegaría a donde está ahora, que viva el Ektachrome y la Nikon FM2 de segunda mano, pensada para hombres, sin automatismos ni florituras. Luego me regó con dudas, no sabía como resolverlas, pensé que lo nuevo molaba, que allí no me encontraría mi puño y su pluma, estudié ingeniería, monté una empresa con el amigo del párrafo anterior, nos arruinamos, nos reímos, salimos adelante, aprendimos, nos enamoramos totalmente de todo lo que rodeaba a Internet, ahondamos en su conocimiento, perdimos la salud, la paciencia. Hipotequé mi vida personal, descuidé a mis amigos, a mi familia y a mi pareja. Me consagré al medio. Pagué la factura, depresión y benzodiacepinas incluidas. No me arrepiento.

Quería saberlo todo de eso que a mi me parecía lo más. Eso que estaba cambiando el mundo. Las acciones de Terra subiendo como palma y bajando como coco. Quería entender que había detrás; primero la técnica; después la emoción; finalmente el fenómeno social. El camino que distaba entre “el es una moda, a mi no me hace falta” al “si no estoy no existo”. De los 56 kilobites a los 25 megas. Del exilio de mis padres, con cartas desgarradas cada dos meses, ribeteadas de mentiras piadosas que convertían la derrota y la medianía en triunfo y oropel, al balsámico Messenger que puntualmente, cada noche, acerca continentes, emociones. Gente. ¡Había tanto por aprender! Merecía la pena.

Todavía descubro cosas nuevas cada día. Todavía me gusta. Porque le temen gobiernos, asociaciones, empresas. Porque ha dado el poder de decisión al usuario. Porque ha cambiado el modelo económico y social. Porque no sé lo que habrá mañana, porque el término experto lo deja en eterno aspirante, sin tiempo para gominas ni trajes. Porque me permite decir todo esto. Porque no tiene días, ni horas, ni fechas que valgan. Porque simplemente Internet sucede. Segundo a segundo.


Abr 29 2008

Las oficinas más bonitas del mundo

Tag: Francis, Publicidad y comunicaciónFrancis @ 10:52 pm

Por el chalet que vimos y no pudo ser, por el gran proyecto que murió en la mesa de un funcionario, por las cuatrocientas lonjas y quinientos pisos que recorrimos en un angustioso y desesperado peregrinar. Por los metros cuadrados que engordaban su coste semana a semana. Por meter casi la pata pero no del todo. Por la mención casual de cierta esquina de alguien de esta casa.  Por tener uno de los mejores equipos de arquitectos de España, José Miguel y Aurora León. Por el enorme esfuerzo económico soportado por la propiedad de la agencia, por el corazón desparramado de Juan y las manos en los ojos del sensato Alfredo. Por los proveedores y su alto grado de implicación en el proyecto. Por el cariño que sabemos que se ha puesto desde la dirección de obra por aquello de los lazos familiares. Por el ya te lo dije, por el pues haberlo hecho tú. Por las mil reuniones, los cien mil desencuentros, el millón de acuerdos. Por ven, pon, quita, mira, mueve, arriba, mal, no, este, aquí, más, otro, menos, ya estamos otra vez…

Por las prisas, y las aletargadas reacciones. A pesar del 30 de octubre, la nochevieja del año pasado, los finales de enero, febrero, marzo…

Por el fontanero que nos negaba sus favores como princesita casquivana y caprichosa, por las dudas del entrañable carpintero que mantuvo un –aún queda mucho tajo- hasta el último tablón, por el exacto pintor, por el electricista que tuvo que levantar cuarenta veces las baldosas de granito: cables, más cables, miles de claves. Por los 8 kilómetros de cable que finalmente se calzó. Por los técnicos de redes y su extraña jerga. Por el dispensador de agua y el filtro “desionizador”, por la maquina de café que nos daba calabazas. Por el cuartito de Francis, por el estudio fotográfico de Rubén, por la mesa de corte de Nuria, por el archivo de Merche y todos los otros caprichos. Por el herrero, enciende el soplete, apaga el soplete, este logo, no mejor este otro ¿pero bueno, pongo o no pongo el logo? ¡Coño, o las jambas han mermado o este arco se ha ensanchado! Por lo espectacular que quedó. Por cuánto durará limpia.

Por el jodido papel pintado, por la madera de fresno y el cristal. Por las puertas más altas, que no, que no caben, que sí, ya me dirás. Y al final, tan bonitas. Por el techo desmontable, desmontado, montado, otra vez desmontado, pero bueno ¿lo terminan o no? Por el suelo técnico y sus 40, 30, 25, 15, 12 cm ¿Qué más dará ya? Es precioso. Por toda la luz que venía de serie con la esquina. Por el tabique desquiciado por tanto vaivén, -aquí, allí, no, sí, mejor lo quitamos-. Por los muretes, que se nos vean las cabezas, que no se nos vea, todo diáfano, yo quiero privacidad, me molestas, te jodes, pues me enfado y no respiro. Por el gresite, o como carajo se escriba, de esos baños tan divinos, por los sanitarios de Roca o la trifulca del portarrollos del water.

Y sobre todo y por encima de todo, le pese a quien le pese, por todo el corazón puesto por Juan y su debut como capataz, y Merche y Nuria, tan chicas en el más colorista, creativo e hiperestésico sentido, que se han involucrado en este proyecto muchísimo más allá de lo que el más osado pudiera haberles pedido. Por todo su tiempo, incluido el que han robado a sus propias vidas, por su generosidad y por pensar en todos y en la propia agencia más que en ellos.

Por todo ello, ya podemos decirlo, tenemos las oficinas más bonitas del mundo. Palabra de hooligan.


Mar 24 2008

Cuando el 24 % cree que el problema está en el otro 76 %

Tag: Francis, InternetFrancis @ 6:34 pm

Leo en elpais.es que según un estudio de Nielsen, el 24 % de los internautas no saben hacer una búsqueda fructífera en Google. Además, la mayoría de esas personas tuvieron problemas para llegar al motor de búsqueda. Estas conclusiones han sorprendido al propio Jacob Nielsen, defensor de lo simple o la simplicidad, no lo tengo muy claro, que le parece difícil que haya algo más fácil de usar que Google.

A mi la verdad es que no me sorprende. O sí, pero favorablemente, pues pensaba que ese porcentaje era mucho mayor.

El problema, afirmo categórico, no es de Google, ni de Internet, ni de los ordenadores, ni del presidente de este país de ignorantes. Es de la falta de preparación en general, e informática en particular. La inmensa mayoría de las personas que conozco no han hecho nunca un curso de iniciación a la informática y mucho menos de Internet, aunque muchos de ellos se han encontrado con este invento pasados los 35. Han agarrado un ordenador, que les han dicho que es cosa muy sencilla, y ¡venga! A currar.

Así nos va. Luego viene el rollito de que es muy difícil o lo que es más habitual “que no se entiende”, en esa típica proyección de la incapacidad y falta de formación personal de tanto directivo y político español hacia el resto de los ciudadanos, obligándonos a los profesionales del desarrollo a seguir haciendo las aplicaciones para niños que ellos entienden. “Es que eso es lo que entiende la gente”, dicen muy convencidos. No, es lo que entiendes tú. Y no entiendes más porque no te has formado lo más mínimo, porque claro, ¡como vas a hacer tú un curso de iniciación a lo que sea! Tú, gurú de la empresa, política, comunicación, finanzas, docencia o lo que sea, ¡como vas a ir por una vez en tu vida de aprendiz, con humildad, si  no sabes ni lo que es!

Y sí, es fácil navegar en Internet, hacer una reserva online o guardar tus documentos en tu ordenador. Pero hace falta una base mínima.

Conducir es muy fácil. Cualquiera lo puede hacer. Cualquiera, incluso personas con discapacidad física. Pero aunque sea fácil, hay que estudiar un poquito el código de circulación y hacer unas cuantas prácticas de conducción. Un mínimo, vaya. Aunque sólo sea para que cuando llegues al concesionario a comprar tu coche, al entrar al vehículo y ver unos pedales en el suelo y unas palancas al costado del volante, no le digas al comercial ¡Uf!  ¡Que difícil!, dame algo menos complicado, de un solo botón, que es lo que entiende la gente. Ya no te cuento nada si el concesionario es de Ferrari, y además de que sea simple, le pides al coche que sea “usable”, es decir, que cualquiera lo pueda utilizar sin problemas. Te podrías encontrar con situaciones del tipo “mire usted, señor Bermudez, el Enzo que me vendió el otro día me parece muy complicado, con tantos relojitos y tanto botón, no se entiende nada. Además mi abuela Paca dice que es muy poco accesible, muy bajito y que le deja los riñones hechos trizas cada vez que entra o sale del coche. Por no hablar de los tirones que pega al salir de los semáforos, que me van a dejar la espalda como un ocho. La verdad es que es un coche muy malo, que no le gusta a nadie”. ¿Y a ti quien te ha dicho que el Enzo tiene que ser tu coche? Yo ya sé que no podría pilotar esa bestia parda, entre otras cosas porque me quedaría atascado en el asiento, pero tengo claro que el problema es mío, no de Ferrari. Lo mismo me ocurre con los camiones de cinco ejes, que oye, es una cosa que no sé ni como agarrar. No se me ocurriría conducir uno sin antes tomar unas clasecitas, fíjate tu que cagueta soy.
En una extraña e invertida lógica cartesiana, Cogito ergo sum, lo que yo no pienso, no es. Como yo no he pasado de Mortadelo y Filemón, a la gente no le gusta Vargas Llosa, Tolkien, Ballester o Ruiz Zafón. Como a mi me cuesta leer hasta un folleto del Carrefour, la gente no lee cosas largas (largas como la ignorancia) como “Los pilares de la Tierra”, “El Código Da Vinci” o “Cien años de soledad” (resume, resume, que con un par de años, vale, querido Gabriel, me parece oír a lo lejos a un ejecutivo). No los leen. Se han vendido millones de ejemplares, sí, millones, pero por lo visto solo para adornar las estanterías. Por que al fin y al cabo toda la humanidad es como mínimo tan estólida como yo. Seguro que más, porque yo al fin y al cabo tengo un “Bachelor Degree of Marketing” por la universidad de Foolsass, y soy director de no-se-que-leches/gerente/correveidile político, aunque sea más simple que el mecanismo de un botijo.
La gente que se ha preparado un poquito, e insisto que no es necesario tener tres ingenierías, cuatro licenciaturas y un par de masters (pues basta con un cursillo, ganas y humildad), sí sabe utilizar Internet adecuadamente y reservar un billete de avión. Y si tienen una culturilla básica y la cabeza mínimamente amueblada, sabrán hacer una búsqueda en Google. En caso contrario, como dicen en mi pueblo, “si no hay mata, no hay patata”.


Mar 22 2008

Redes sociales y vino

Tag: Francis, Web 2.0, Redes Sociales, InternetFrancis @ 6:35 pm

logo_135×66.gifHe rehecho esta entrada cincuenta veces. Siempre con una mala leche infinita. Javier, que no es tonto, seguro que sabe porqué.

Una nueva red social hace furor en toda Europa. Se llama vinogusto.com, y no, no vende nada pero es rentable, muy rentable. Por si había dudas del éxito de un sitio de este tipo, importantes empresarios de Internet han confiado en Vinogusto y han invertido 200.000 euros en el proyecto.

Entre sus mecenas se encuentran Cristophe Salanon fundador de Meetic.com; Alexis Vandewyer, director de desarrollo de producto de Ebay Bélgica, el gran gurú europeo del turismo rural en Internet, François Derbaix, fundador de Toprural.com y socio de 11870.com y la española Marta Esteve, fundadora de rentalia, han dado apoyo a este proyecto de dos chavalitos belgas, Marc Roisin y Laurent Mikolajczak. Apoyo en forma de 200.000 € para financiar un proyecto de cuatro mese de trabajo. Bien.

Derbaix explicaba a través de su blog por qué confía en Vinogusto: “Hasta ahora sólo he invertido y participado en proyectos centrados en el usuario, en las opiniones de usuarios y en redes sociales. De Vinogusto destacaría la muy alta participación de unos usuarios amantes del vino que se guardan los vinos que han probado, opinan sobre ellos y los comparten con sus amigos”.

En los últimos cuatro meses, las visitas a Vinogusto se han visto incrementadas un 400%. En la actualidad, la página recibe actualmente 150.000 visitas al mes, y ofrece información acerca de casi 25.000 vinos y más de 35.000 direcciones que incluyen más de 45.000 comentarios de los usuarios. España y Francia se reparten el 65% de las visitas, con un 35 y un 30%, respectivamente.

Esta comunidad fue creada en abril de 2007 en francés. Cuatro meses más tarde se añadieron las versiones en inglés, español y holandés. El proyecto tiene previsto ampliarse a italiano, alemán y portugués.

La idea surge de la necesidad de elegir un vino y dónde comprarlo. De ahí nace Vinogusto, una comunidad para los amantes del vino, tanto para profesionales como aficionados, en la que el usuario es el protagonista. El miembro registrado puede opinar sobre un producto, hacer recomendaciones y compartir información. Por su parte, los profesionales del sector podrán promocionar sus productos a través de las herramientas que ofrece Vinogusto.

Además, la web permite buscar vinos, así como bodega, vinoteca o bar de vinos. En cuanto a los caldos, existen varias opciones de búsqueda: por país, por precio, por tipo de vino o por puntuación. Vinogusto también está volcado con el turismo enológico gracias a un acuerdo con TopRural, mediante el cual proporcionan información sobre alojamientos y bodegas.

Tras esta inversión, la prioridad para la compañía es aumentar su base de datos. El objetivo es terminar el año con más de 100.000 referencias de vinos y más de 50.000 sitios. Además, quieren mejorar la interacción entre los usuarios, para lo que desarrollarán y diseñarán nuevas utilidades.

Por otro lado, Vinogusto no quiere quedarse sólo en el mundo online, sino que pretenden estar presentes en eventos que giren alrededor del vino, trasladando la comunidad virtual a la vida real.

En cualquier caso, Vinogusto es una buena muestra de que las redes sociales y las comunidades en Internet especializadas tienen cada vez mayor aceptación. No son un producto para frikys. Como veis, no soy yo el adelantado, sino los demás, esta región en particular, la atrasada. Nuevamente hemos perdido una gran oportunidad.


Feb 05 2008

Yo no digo backup, tú no dices briefing

Tag: Francis, ComunicaciónFrancis @ 12:19 am

A mi amiga Merche le suele irritar profundamente el uso de anglicismos en el uso cotidiano y profesional del idioma. A  mi juicio, tiene mucha razón. Especialmente a lo concerniente a las estupideces lapidarias que día a día soltamos los tecnólogos, cuando, ampulosamente, llenamos nuestro discurso de palabrejas y acrónimos sajones que bien podríamos sustituir por otros términos más castizos y, sobre todo, más entendibles.

Me ha costado un triunfo y sobre todo una cierta cura de humildad el rebajar, aunque sea mínimamente, mis casi diletantes disertaciones técnicas. Al menos hasta que mi desbordado ego se ha sentido henchido de confianza ajena en mi conocimiento de estos temas. Por supuesto, siempre hay ocasiones en las que es necesario hacer uso de un lenguaje muy técnico, claro está, ya sea porque el interfecto que tengo delante es tan fatuo como yo a los veinte años (y aun la vida no le ha hecho probar su particular acíbar), porque están midiendo mi conocimiento de tan patética guisa, o simplemente porque al fin hablas con otro técnico con tus mismos conocimientos y así la conversación discurre más fluida. No obstante, con el tiempo y una caña, te das cuenta de que la mayor demostración de tu conocimiento profundo de un tema no está en dejar a tu interlocutor con una profunda sensación de ignorancia, sino en explicarte y que te entienda sin necesidad de que tenga tu base y conocimiento del tema en cuestión.

Es verdad. Resulta tremendamente estúpido llamarle CEO a un consejero delegado (y fue idea mía, pues me parecía muy “cool” hace un par de años y me empeñé en ponérselo como firma de sus correos) como si Juan o Alfredo fueran a ser más o menos por poner su cargo en inglés. Una gilipollez. De la misma envergadura que el empeñarme en poner chorradas de órdago en los presupuestos como “hosting”, en lugar de alojamiento, Open Source, en vez de código abierto o cuando hablo con los señores que nos están montando las redes  en las nuevas instalaciones, de Switching en sustitución de Conmutación de redes, que suena igual de críptico pero más nuestro (aunque en este caso concreto diré que empezaron ellos). Vaya, que entono el “mea culpa” en mi palmaria tontería lingüística.

Pero una vez me he flagelado públicamente considero que estoy en mi justo derecho de reclamar el destierro de ciertos términos muy comunes en nuestra jerga publicitaria, profesión, que huelga decir, y aunque alguno le duelan prendas, que siento tan mía como el que más. Al menos hacerlos desaparecer de los presupuestos y demás documentos escritos que redactamos a diario. Si palabras como “Server”, “login”, “password” o “browser” deben ser sustituidas por sus homólogas castellanas, justo es que reclame el mismo tratamiento para “briefing”, que tan correctamente puede ser sustituida por “información básica”, o el más terrible aún si cabe “timming” que digo yo si contendrá más minutos que mi cronograma, calendario de ejecución o como se le quiera denominar a esa suerte de gráfico ideal con tendencia al incumplimiento. Y digo que sería bueno no ponerlas por escrito porque, desengañémonos, el cliente no las maneja con la misma soltura que nosotros, no forman parte de su cultura. Puede que sí, seguro, del director de marketing de turno, pero seguro que el también lo entenderá escrito en castellano y ya de paso, también su jefe. Sinceramente, cuando escuchas a un publicista soltar su perorata cuajada de anglicismos te repatea el estómago en la misma medida que cuando escuchas al informático hablar en lenguas extrañas, que suelen significar que tu ordenador tiene un virus.

Entiendo que también son muchos los términos, especialmente los que hacen referencia a verbos, difíciles de traducir. Pero desde luego no creo que justifique su uso en la mayoría de los casos y mucho menos el incurrir en esa esa manía emética de inventar verbos como “loguearse”, “parsear”, “copipastear” (juro que lo he oído), “eyectar” o el que más me aturde y mi favorito para colgar de los pulgares a quien lo suelte “bacapear”. Ahí, de verdad, actuaría sin piedad.

El castellano no es sólo una lengua riquísima, llena de palabras que la mayoría aún no conocemos, sino que además, tiene en su etimología el poderosísimo motor de dos lenguas, el latín y el griego, con una riqueza de conceptualización verbal sin parangón, capaces de alumbrar tantos términos como sean necesarios, con independencia de su carga semántica. Solo hay que ponerse, y si no sabemos, pedir ayuda.


Feb 03 2008

No cuenta más el que más habla

Tag: Francis, InternetFrancis @ 10:08 pm

En este mismísimo instante, después de un fin de semana en el que mi cabeza empieza a echar humo con uno de los proyectos que más me ha costado plantear en mi puñetera vida, algo relacionado con la usabilidad y la estructuración cognitiva de la información -¿qué?, acaba de decir mi jefe cuando lea esto- me ha asaltado una frase de un experto en la materia, y que nos viene al pelo en unos días en los que estamos metidos hasta las trancas en un proyecto descomunal, no tanto por la dificultad del mismo como por la cantidad ingente de información que se quiere ofrecer. Ahí os la dejo:

Muchas arquitecturas se derrumban bajo el peso de su propio contenido

Louis Rosenfeld


Entradas siguientes »