Oct 03 2011
De periodista a community manager… o lo que sea
Vivimos un momento histórico en el que la información es más abundante que nunca. Alfonso Cornellá, de Infonomía, ha acuñado o, al menos, difundido el concepto de infoxicación (o intoxicación de información). La red ha multiplicado los emisores y ahora la generación y publicación de contenidos está al alcance de cualquiera. Se habla, incluso, de periodismo ciudadano y todo se confunde. Emisor y receptor cada vez más son la misma cosa.
En paralelo, y en parte como consecuencia, los medios de comunicación tradicionales, especialmente los que basaban su modelo de negocio en la venta de información (medios impresos de pago) atraviesan una crisis de modelo de negocio (que se suma a la crisis económica global). Cada vez menos gente está dispuesta a pagar por algo que circula gratuitamente de forma tan sobreabundante.
En este contexto, los periodistas nos encontramos en una situación central y crítica. Las plantillas se reducen y solo se genera algo de empleo y mal pagado en los medios digitales.
Y en medio de todo esto han surgido nuevos perfiles profesionales: el del community manager, o dinamizador de comunidades online es uno de los que más popularidad han adquirido. Universidades, Escuelas de Negocios y chiringuitos formativos varios compiten por este mercado de formar a nuevos profesionales, con masters, postgrados o cursos de diferente calidad y pelaje y con unos costes que rara vez bajan de los 3.000 euros y a menudo superan los 6.000.
En el periodismo cunde el desánimo. Motivos no faltan con más de 4.000 empleos destruidos en España en los últimos dos años. Sin embargo, desde mi punto de vista un momento en el que la información circula más que nunca debe ser visto por los periodistas ejercientes y por los estudiantes de Periodismo como una oportunidad. Como decía Saramago, “el caos es un orden por descrifrar”. Los periodistas debemos interiorizar que nuestro oficio y perfil profesional nos convierte en los candidatos óptimos para descifrar este caos informativo y poner algo de orden en esta infoxicación. Eso sí, esto implica sacudirnos la pereza, luchar contra los miedos y abandonar nuestros espacios de confort.
Debemos formarnos para hacernos acreedores de estos puestos, olvidar el viejo paradigma de un periodismo que solo puede desarrollarse en los medios tradicionales y fijarnos en los modelos de formación norteamericanos en cuyos planes de estudio de Periodismo, las nuevas tecnologías y el marketing ocupan el grueso del contenido y desplazan a los contenidos clásicos. Esto no significa que las reglas básicas del Periodismo hayan cambiado pero sí el paradigma de la comunicación y las aptitudes y actitudes exigibles.
Alguien puede discutir si las redes sociales han venido para quedarse o no (aunque el fenómeno, personalmente, me parece imparable) pero creo que nadie discute que internet lo ha cambiado todo. Y una de las cosas que más ha cambiado es la forma en la que se produce, distribuye y recibe información. Los periodistas debemos encontrar en este nuevo modelo nuestro espacio y formarnos para saber gestionar contenidos en la red. No sé si debemos formarnos todos para ser community managers pero sí tengo claro que debemos convertirnos en unos magníficos periodistas en la red, en los mejores gestores de información.
Y no importa cuál sea nuestra ocupación o desocupación actual. Simplificando, se nos puede dividir en dos grupos: los periodistas que ejercen en los medios tradicionales y quienes estamos fuera: en gabinetes de prensa, en agencias de comunicación o de marketing, en otras tareas más o menos próximas al Periodismo o en busca de un espacio.
Los primeros, los periodistas en nómina de prensa, radio y televisión, tendrán casi seguro un medio digital en su grupo para el que ya trabajan o con el que se relacionan. Y que quizás algún día canibalice todo y se convierta en el único para el que trabajarán, aunque intregrando formatos de texto, imagen, vídeo… que le son conocidos. La obligación de este periodista es conocer cómo es la red, entender de usabilidad web, de posicionamiento, saber cómo escribir o elaborar información para la red, saber seleccionar sus fuentes (esuché a Arcadi Espada decir con algún sarcasmo que “en internet todo es mentira mientras no se demuestre lo contrario”) y, por qué no, saber cómo difundir las informaciones que publica su medio y las que él mismo produce, incluso como un medio legítimo de incrementar su reputación personal, su identidad digital, su marca.
El periodista que ejerce al otro lado, en el lado de las fuentes, generando información que busca a su público, cada vez verá más que los medios tradicionales son solo eso, un medio y no un fin. Y que la red le abre un montón de posibilidades de llegar directamente a su público (que se puede suscribir directamente a la información que su organización genera) o con quien puede interactuar a través de las redes sociales o de otros muchos caminos que internet está poniendo a su alcance, tendrá en su web o su blog su propio medio de comunicación… Los medios tradicionales y los medios digitales serán también para este periodista un camino, pero solo uno más entre muchos. Deberá entender que la información es bidireccional e interactiva, comprender su papel de escucha y de receptor y canalizador de dicha escucha… Y, claro, como productor de información deberá saber lo mismo que el periodista “de medio”: usabilidad, posicionamiento…
En realidad, la frontera entre unos y otros será cada vez más difusa. Todos estaremos en lo mismo. En ordenar el caos informativo, hacer que los mensajes circulen y sean comprendidos. Si en el modelo clásico de comunicación el ruido era el factor distorsionante, los periodistas debemos ser los antirruido.
Y todos, unos y otros, deberemos comprender cada vez más que internet lo ha cambiado todo, no solo la forma en la que circula la información, sino también el mercado de trabajo. Cada vez menos los periodistas trabajarán por cuenta ajena y cada vez más deberán preocuparse de construir su propia marca, para vender su conocimiento y oficio a uno o varios “clientes”. O, por qué no, para emprender y construir su propio modelo de negocio informativo. El periodista como marca.
Por lo tanto, un buen curso para que un periodista se convierta en community manager tiene que conjugar algunas dosis de filosofía y de metodología (debemos convencernos del cambio de paradigma), algunas recetas básicas para el buen ejercicio y muchos recursos o guías que nos abran puertas y nos ayuden a seguir formándonos al día siguiente de un modo autodidacta pero teniendo algo más clara la dirección en la que queremos hacerlo.
Algunas otras cosas que he escrito aquí y que tienen más o menos que ver con esto:
Nuevos medios: aplicaciones prácticas.
Internet en las organizaciones en en el mundo del marketing.
Technorati Tags: periodista, community, marca, Espada, Cornellá, Saramago, internet, contenidos, prensa, radio, televisión


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